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Caja Arequipa

Las mujeres somos mejores pagadoras, pero suelen adjudicarnos una tasa más alta en primeros créditos

María Pía Palacios, presidenta de Caja Arequipa, comenta los desafíos de las mujeres al momento de acceder a créditos.

La inclusión femenina beneficia a todos ¿Por qué? Para empezar, una persona que ingresa al sistema, sea hombre o mujer y no presenta un historial crediticio suele representar un riesgo para cualquier entidad evaluadora. Hasta ahí todos parejos. El verdadero diferencial se da cuando el sistema valora aspectos que sí marcan variantes significativas entre hombres y mujeres, que se recogen de la Encuesta Nacional de Hogares del INEI.

En el Perú, el 70.7% de las mujeres de 25 años a más, no cuenta con estudios o solo ha culminado primaria o secundaria. El 78,8% de las mujeres que trabajan, lo hacen en el sector informal. El 58.7% de mujeres económicamente activas laboran en condiciones de subempleo y ganan en promedio 27,4% menos que sus pares masculinos o peor aún, el 20.9% de las mujeres ocupadas, son trabajadoras no remuneradas en labores del hogar o “ayudando” al cónyuge.

Estas son cifras abrumadoras que reflejan una clara barrera estructural en educación, ingresos y condiciones laborales que representa una desventaja para millones de mujeres que buscan un crédito por primera vez, porque un perfil con estos indicadores amerita un comportamiento cauto del sistema financiero elevando la tasa y seguramente reduciendo el monto de desembolso, al menos para su primer crédito.

Para las mujeres la cancha no está pareja, pero lejos de rendirnos, hemos demostrado, que frente a una cuesta más alta cobramos mayor impulso. Tenemos datos que lo sustentan: el 39.9% de las mujeres que trabajan crean su propio empleo; y a pesar de las brechas iniciales al solicitar un crédito para un negocio, más del 70% de MYPES peruanas son conducidos por mujeres (CCL 2022) generando más de nueve millones de empleos.

Al reflexionar sobre estos puntos, queda claro que la mujer peruana no solo es buena pagadora, sino que se evidencia que avanzar hacia la inclusión financiera femenina no es simplemente una cuestión moral o social; es estratégicamente inteligente desde cualquier perspectiva. Hacer inclusión financiera femenina significa empoderamiento económico capaz de transformar vidas individuales, promover familias enteras, negocios más prósperos y sociedades más resilientes donde cada mujer puede convertirse no solo en sostén familiar, también un motor generador de empleos e inspirador para un cambio social positivo.

Para potenciar la inclusión financiera, la experiencia ha demostrado que la educación es una solución poderosa que mejora la participación activa de las mujeres en decisiones económicas en sus hogares y negocios. Y es aquí donde las entidades financieras tienen un rol protagónico. Proporcionándoles los conocimientos necesarios sobre cómo navegar eficazmente en el sistema financiero, se les otorga una herramienta clave para lograr autonomía económica. Estas iniciativas educativas, sumadas a productos diseñados para abordar y acompañar los desafíos únicos enfrentados por las emprendedoras, contribuyen al paso sólido de las mujeres hacia su desarrollo sostenible, procurando un mejor futuro para sus hijas e hijos rompiendo la barrera estructural que ellas sí debieron escalar.

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